La Confianza: infraestructura invisible.
Un vistazo al caso El Batán, Querétaro
Uno de los principales retos ambientales que enfrenta México en el corto y mediano plazo es la escasez de agua. Para garantizar el abastecimiento, especialmente para consumo humano, resulta indispensable proteger las fuentes existentes y evitar la contaminación de cuencas y acuíferos, cuya degradación compromete la seguridad hídrica del país.
En este contexto, la Zona Metropolitana de Querétaro (ZMQ) se ha identificado como un área crítica. Actualmente, el abastecimiento de agua en el estado depende en dos terceras partes de la extracción de agua subterránea, lo que ha derivado en la sobreexplotación de los acuíferos, con un déficit de hasta 18 millones de metros cúbicos anuales, según información de CONAGUA. Esta presión ha generado un abatimiento progresivo de los niveles freáticos, con descensos de hasta dos metros por año en algunas zonas.
Un factor que intensifica este escenario es el acelerado crecimiento poblacional del estado. De acuerdo con datos del INEGI, en 2020 Querétaro registró una tasa media anual de crecimiento del 2.7%, una de las más altas del país. La Comisión Estatal de Aguas (CEA) estima que la población podría alcanzar los 3.48 millones de habitantes para 2050. En este contexto, la oferta total actual de agua en la entidad se estima en 137.127 millones de metros cúbicos al año, volumen que deberá atender una demanda creciente de uso doméstico, industrial y de servicios, en un entorno de disponibilidad cada vez más restringida.
A esta presión estructural sobre las fuentes y la demanda se suma un desafío operativo: la eficiencia del sistema de distribución. Al comparar el caudal producido con el volumen de agua potable efectivamente facturado, se observa una eficiencia física de apenas 53%, lo que implica pérdidas cercanas al 47%, asociadas principalmente a fugas y deficiencias en la infraestructura. Esta brecha reduce significativamente la disponibilidad efectiva del recurso y profundiza el estrés hídrico de la región.
Proyecto Sistema El Batán
Como respuesta a esta problemática, surge el Proyecto Sistema Batán, que busca convertirse en un referente de reúso indirecto potable a gran escala en México, El proyecto busca diversificar las fuentes de abastecimiento y fortalecer la seguridad hídrica de la ZMQ mediante el aprovechamiento de aguas residuales tratadas.
El esquema contempla la operación de tres plantas de tratamiento de aguas residuales, cuyo efluente sería conducido a un humedal artificial diseñado como sistema de amortiguamiento y pulimiento adicional. Posteriormente, el agua tratada se incorporaría a la presa El Batán, donde se mezclaría con los escurrimientos naturales provenientes de la cuenca del río Huimilpan. Desde este embalse, el recurso sería captado y enviado a una planta potabilizadora proyectada para producir agua en cumplimiento con la normativa aplicable para consumo humano, con un caudal promedio estimado de 1,800 litros por segundo. Finalmente, el agua potable se distribuiría a través de tres líneas de impulsión: hacia el Acuaférico, al Tanque El Progreso y a un nuevo tanque previsto en la zona suroriente de la ZMQ.
Este modelo corresponde a lo que técnicamente se denomina reutilización indirecta potable, un esquema en el cual el agua tratada se integra primero a un cuerpo de agua natural, como un embalse, río o acuífero, antes de ser nuevamente captada y sometida a procesos convencionales de potabilización para su distribución. Se trata de una estrategia ampliamente implementada en países como Estados Unidos, Singapur, Australia y España, donde ha sido adoptada como una alternativa segura y viable frente a escenarios de escasez hídrica.
El proyecto estaba concebido bajo un esquema de Asociación Público-Privada (APP), con un costo total estimado de 35,722 millones de pesos a lo largo de su periodo contractual. De ese monto, aproximadamente 11 mil millones de pesos corresponderían a la inversión asociada a la construcción de la infraestructura, mientras que el resto contemplaría los compromisos derivados de su operación y mantenimiento durante la vigencia del contrato.
El Batán se plantea como una solución estructural de largo plazo, al transformar el agua residual en un recurso estratégico en lugar de considerarla un desecho. Para ello, se contempla la incorporación de tecnología avanzada, como reactores biológicos de membrana para la separación de sólidos, complementados con sistemas de desinfección de alta eficiencia, que permitirían alcanzar estándares de calidad compatibles con la normativa vigente para agua potable.
Sin embargo, el desarrollo del proyecto enfrentó un giro político significativo. El 10 de septiembre, el gobernador del estado de Querétaro declaró públicamente que el Proyecto Sistema El Batán se encontraba “muerto”, tras manifestaciones de desacuerdo por parte de diversos diputados locales y federales, pese a los foros y reuniones ciudadanas realizados previamente. Posteriormente, el 25 de septiembre, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el proyecto quedaba suspendido de manera indefinida, argumentando que no existiría tiempo suficiente para su ejecución dentro de la administración estatal en curso y que cualquier eventual reactivación debería ser evaluada por la siguiente administración.
Retos del Proyecto
Más allá de su dimensión técnica, el Sistema El Batán ha puesto sobre la mesa una serie de retos vinculados a la percepción pública, la confianza institucional y la manera en que la ciudadanía interpreta este tipo de proyectos. Estos factores han sido determinantes en el debate social que lo rodea y en su actual suspensión.
La participación del sector privado ha sido identificada como uno de los elementos que más inquietud genera entre ciertos sectores de la población. Su rol incluiría la aportación de capital, la construcción de la infraestructura proyectada, así como la operación y el mantenimiento del sistema bajo indicadores de desempeño técnicos y operativos definidos por las autoridades.
En este esquema, los pagos al sector privado estarían vinculados al cumplimiento de dichos indicadores y al funcionamiento adecuado del sistema. No obstante, la presencia de este modelo ha generado preocupaciones en la opinión pública, particularmente en torno a la transparencia, la rendición de cuentas y la garantía de que el acceso al agua se mantenga como un servicio público y un derecho humano.
Por otro lado, desde la perspectiva ciudadana, uno de los principales cuestionamientos al proyecto se relaciona a la baja eficiencia de los sistemas de distribución de agua. Las elevadas pérdidas físicas en la infraestructura existente han llevado a distintos sectores sociales a considerar que, antes de invertir en nuevas fuentes de abastecimiento, debería priorizarse la mejora de la eficiencia del sistema actual.
Bajo esta percepción, se plantea como prioritario destinar recursos a la rehabilitación y modernización de la red, así como a estudios que permitan identificar con mayor claridad dónde se pierde el agua y qué volumen podría recuperarse. Este punto refleja una de las tensiones centrales del debate público, ya que para una parte relevante de la población la reducción de fugas es un paso indispensable dentro de cualquier estrategia de seguridad hídrica a largo plazo.
El debate público también se ha enfocado al uso de comparaciones internacionales para contextualizar el proyecto, particularmente con países como Singapur o Canadá. Desde la percepción ciudadana, estas analogías han sido cuestionadas por considerar que se equiparan realidades con condiciones hídricas, marcos regulatorios, capacidades institucionales y contextos sociales distintos.
Si bien en otros países se han implementado esquemas de reutilización indirecta potable, estos han estado acompañados de procesos graduales, marcos normativos específicos y estrategias de comunicación orientadas a generar confianza pública. En este sentido, algunas voces consideran que trasladar estos ejemplos al contexto local sin un análisis profundo puede resultar simplificador y no reflejar los retos particulares de Querétaro.
Otro reto identificado fue la dimensión política del proyecto y la percepción que generó en el ámbito legislativo. Diversos diputados, en particular de partidos de oposición, manifestaron su desacuerdo, lo que amplificó el debate público. En este sentido, el proyecto también quedó atravesado por dinámicas políticas donde las posturas pueden responder no solo a criterios técnicos, sino también al clima social y a consideraciones de respaldo ciudadano.
Finalmente, el proyecto también enfrentó cuestionamientos en torno a la capacidad institucional y técnica de los actores involucrados para garantizar el cumplimiento estricto de la normativa de calidad de agua potable y asegurar el suministro efectivo de agua segura a la población. Estas preocupaciones no se limitan a un problema de percepción o desconfianza social respecto a la calidad del recurso, sino que se inscriben en un debate técnico más amplio.
En particular, se ha señalado la necesidad de abordar el desafío que representan los denominados contaminantes emergentes, como residuos farmacéuticos, microplásticos y compuestos perfluorados, cuya detección, monitoreo y remoción pueden resultar complejos incluso con tecnologías avanzadas de tratamiento. Este aspecto ha sido central en la discusión pública, al poner sobre la mesa la exigencia de contar no solo con infraestructura adecuada, sino también con capacidades regulatorias, técnicas y de vigilancia sanitaria acordes con los estándares más exigentes.
La Confianza
La discusión en torno al Proyecto Sistema El Batán pone en evidencia que los retos hídricos no se resuelven únicamente mediante infraestructura, tecnología o inversión pública. Si bien estos elementos son indispensables, su efectividad depende en gran medida de la confianza social, la legitimidad institucional y la percepción ciudadana sobre los procesos que los sustentan.
Según la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2023, a nivel nacional únicamente el 20.9% de la población mayor de 18 años considera que el agua potable de su ciudad es bebible sin temor a enfermarse. En Querétaro, aunque la cifra es ligeramente mayor, el porcentaje sigue siendo bajo: 31.8%. Estos datos reflejan que, incluso antes de discutir nuevas fuentes de abastecimiento, persisten dudas sobre la calidad del agua que llega a los hogares.
Esta desconfianza se inserta además en un contexto institucional más amplio. De acuerdo con la misma encuesta, los gobiernos estatales y municipales se encuentran entre las instituciones con menor nivel de confianza y mayor percepción de corrupción, cuyos niveles de confianza se mantienen por debajo del 50%.
En este sentido, proyectos de gran escala como el Sistema Batán enfrentan no solo retos técnicos o financieros, sino también un desafío social fundamental: construir credibilidad pública. Cuando este tipo de iniciativas no logran comunicar con claridad sus objetivos, alcances, costos y riesgos, la aceptación social puede debilitarse, incluso si cuentan con sustento técnico.
El caso del Sistema El Batán ilustra la importancia de acompañar cualquier solución hídrica con transparencia, acceso oportuno a la información, rendición de cuentas y mecanismos reales de participación ciudadana. Pensar el futuro hídrico del país implica no solo apostar por tecnologías disponibles, sino también fortalecer la gobernanza que permita construir acuerdos sociales duraderos. Sin confianza pública, incluso las obras más ambiciosas corren el riesgo de quedar incompletas o detenidas.
Todos los documentos sobre el Proyecto Sistema Batán se pueden consultar aquí.
El problema de captación y suministro de agua para el consumo humano Urbano y el uso industriales es muy complejo en tiempo y forma ,la captación control y tratamiento pluvial ,mantos friáticos volúmenes requeridos ,estructura compleja ,maquinaria y equipo ,tiempo de ejecución ,así como los recursos administrativos técnicos y financieros requerido ´público y privado, aunque existen organismo públicos federales y estatales ,y empresas privadas promotoras ,requieren de firme conducción de la Autoridad Pública
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