ESG y agua: por qué el componente hídrico define cada vez más la sostenibilidad de una empresa
Durante años, la sostenibilidad empresarial se discutió principalmente en términos de emisiones de carbono y gobierno corporativo. El agua ocupaba un lugar secundario en esa conversación. Hoy, ese orden está cambiando.
La creciente presión regulatoria, las exigencias del sector financiero y la escasez hídrica en diferentes regiones del planeta, han colocado al agua en el centro de las evaluaciones ESG. Para las empresas que buscan diferenciarse, acceder a financiamiento o integrarse a cadenas de valor sostenibles, ya sea en México o en mercados internacionales, gestionar y reportar adecuadamente su huella hídrica ha dejado de ser opcional.
¿Qué es ESG y qué tiene que ver el agua con ello?
ESG (Environmental Social Governance), es el marco que permite evaluar el desempeño no financiero de una empresa. Bancos, fondos de inversión y mercados de capitales lo utilizan para decidir cómo invierten y en dónde..
Dentro del componente ambiental, el agua es uno de los indicadores más relevantes: consumo total, fuentes de abastecimiento, eficiencia en el uso, tratamiento de aguas residuales y exposición al riesgo hídrico según la región donde opera la empresa. Estos datos no solo importan para los reportes; también determinan si una empresa es percibida como un actor responsable o como un riesgo por parte de sus grupos de interés.
En México, las empresas emisoras deben cumplir con las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) S1 y S2, normas internacionales de información financiera que incorporan la divulgación de riesgos climáticos y de sostenibilidad. Para quienes buscan integrarse a índices como el S&P (Standard & Poor’s)/BMV (Bolsa Mexicana de Valores) Total México ESG Index, la evaluación incluye explícitamente criterios ambientales entre los que el agua figura de manera prominente. Y para las empresas que operan bajo estándares de casas matrices extranjeras o que exportan a mercados con exigencias ESG más maduras como la Unión Europea o Estados Unidos, el nivel de detalle que se exige sobre el componente hídrico es aún mayor.
El agua como riesgo empresarial
La gestión hídrica no es solo una obligación de reporte; es una variable de riesgo operativo con consecuencias financieras concretas.
Una empresa que opera en una cuenca con estrés hídrico enfrenta una exposición multidimensional que va más allá del abastecimiento. En términos de continuidad operativa, la escasez o la mala calidad del agua puede interrumpir procesos productivos que dependen del recurso de forma directa. En el plano financiero, el aumento en los costos de extracción, tratamiento o sustitución del suministro impacta la estructura de costos y puede deteriorar márgenes. Los riesgos legales y regulatorios son igualmente relevantes: el incumplimiento de normas de descarga, concesiones o límites de extracción puede derivar en sanciones, clausuras o la pérdida de permisos de operación. Y en un entorno donde la transparencia no financiera es cada vez más escrutada, los riesgos reputacionales asociados a una gestión hídrica deficiente pueden afectar la relación con clientes, comunidades e inversionistas. Identificar y gestionar estas exposiciones de forma anticipada es, precisamente, lo que distingue una estrategia ESG sólida de un ejercicio de reporte.
En este contexto, la gestión de riesgos ESG en materia hídrica no encuentra su punto de partida en la divulgación, sino en el diagnóstico. Conocer con precisión los volúmenes de consumo, las fuentes de abastecimiento, el tratamiento y disposición de las aguas residuales, y la situación hídrica de la cuenca donde opera la empresa, constituye la base sobre la cual es posible identificar riesgos, definir objetivos y construir una estrategia con sustento técnico.
De la política al indicador: cómo se estructura la gestión hídrica dentro de una estrategia ESG
Una estrategia ESG sólida en materia de agua tiene cuatro componentes que deben estar alineados:
- Política hídrica. El punto de partida es documentar las directrices institucionales que guían el uso del agua dentro de la organización. Sin una política, no hay marco de referencia para medir ni para mejorar.
- Diagnóstico y medición. Implica cuantificar el consumo, identificar las fuentes de abastecimiento, caracterizar las descargas y ubicar a la empresa dentro del contexto hídrico de la cuenca donde opera.
- Gestión de riesgos. Con base en el diagnóstico, se identifican los riesgos de escasez, calidad y cumplimiento normativo, y se definen medidas para mitigarlos. Este paso es el que más valoran los inversionistas, los organismos de financiamiento y los clientes corporativos con requisitos de cadena de suministro sostenible.
- Reporte y divulgación. La información se estructura bajo estándares reconocidos , GRI, SASB, TCFD o los que apliquen según el mercado objetivo, para integrarse a los informes ESG de la empresa, de forma voluntaria o en cumplimiento de regulaciones aplicables
¿Por qué el componente hídrico suele ser el más descuidado?
Muchas empresas que inician su proceso de certificación ESG abordan con relativa facilidad los indicadores de gobernanza y los sociales. El componente ambiental, y el agua en particular, suele quedarse atrás.
Las razones son variadas: falta de medidores o registros históricos de consumo, desconocimiento de los estándares de reporte aplicables, o la dificultad de traducir datos operativos en indicadores comparables bajo un marco internacional. El resultado es que muchas empresas presentan reportes ESG con vacíos en la dimensión hídrica, lo que puede afectar su evaluación ante fondos, bancos, clientes corporativos o incluso ante su propia casa matriz.
Para las PyMEs, el reto es distinto pero igualmente real: cada vez más corporativos y cadenas de suministro globales exigen a sus proveedores evidencia de una gestión ambiental responsable. No contar con datos ordenados sobre el uso del agua puede ser, en la práctica, una barrera de entrada a contratos y mercados que de otra forma estarían al alcance.
El agua como punto de entrada, no como requisito por cumplir
La tendencia global apunta hacia una mayor exigencia en la divulgación de criterios no financieros, y el componente hídrico está entre los que más atención están recibiendo. En México, el marco regulatorio se mueve en esa dirección. Las empresas que se adelanten a este proceso estarán mejor posicionadas tanto en el mercado local como ante inversionistas y socios internacionales.
Cómo acompañamos este proceso desde Aqueducto
En Aqueducto trabajamos con empresas de distintos tamaños y sectores en el diagnóstico, la estrategia y el reporte de su componente hídrico dentro de una certificación ESG. Para ello, hemos desarrollado herramientas digitales que permiten el reconocimiento, identificación y valoración de riesgos hídricos, con el fin de trazar una ruta clara hacia una gestión del agua más eficiente, cuantificable y alineada con los estándares de divulgación que el mercado y la regulación exigen. Eso significa acompañar desde la medición inicial del consumo de agua hasta la estructuración de los indicadores que irán en el reporte, pasando por la identificación de riesgos, la definición de metas y la selección del estándar de divulgación más adecuado según el mercado al que se dirige cada empresa.
Si tu organización está comenzando su proceso de certificación ESG, busca fortalecer su componente ambiental o necesita ordenar su información hídrica para cumplir con los requisitos de un cliente, un fondo o una casa matriz, podemos ayudarte a convertir ese pendiente en una ventaja competitiva real.
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